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Patrimonio


En la collada de Llaves, en el centro de la sierra de Peñarrubia, a una altura media de 1.100 m, desde la cual se divisan los picos Virdio de Treslajorá y Gamonal, se localizaron a mediados de los noventa seis estructuras dolménicas. Se asientan sobre pequeñas elevaciones del terreno y consisten en cámaras formadas por losas de arenisca y cubiertas por cascajo calizo. Están datadas en torno al 3.000 a. C. en época Neolítica-Calcolítica. En un extremo se localizó

un menhir de 240 cm. Otro yacimiento megalítico de la zona es Cires, compuesto por 14 túmulos (cuatro de los cuales se encuentran en Peñarrubia).

También revisten importancia los testimomios prehistóricos situados en un abrigo rocoso, a 30 m por debajo de la cumbre del monte de Santa Catalina. Se trata de dos paneles sucesivos en los cuales se practicó una serie de grabados rupestres de los denominados fusiformes, acompañados de tres cazoletas, atribuibles tanto al Paleolítico como a la Prehistoria reciente. En la cima de este monte, en un paraje conocido como Bolera de los Moros, a 756 m de altura, se encuentran los restos de una fortaleza altomedieval compuestos por distintos lienzos de muralla de planta rectangular, que incluye vestigios identificados con una torre y una atalaya. La plaza conoció dos momentos de uso: el primero, a mediados del siglo VIII, y el segundo, a mediados del IX.

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Historia de Peñarrubia

Se han descubierto, en cuevas y abrigos de Peñarrubia, vestigios que testimonian la presencia del ser humano en estos territorios ya en el Paleolítico Medio. Asimismo, los yacimientos megalíticos del collado de Llaves y Cires evidencian la presencia de comunidades de pastores en fases del Neolítico y el Calcolítico. Ya en época histórica, si bien hay varios testimonios de presencia romana en el entorno cercano al territorio de Peñarrubia, no existen evidencias en el mismo término.

Tras el desembarco del Islam

en la Península Ibérica, la agreste zona de los Picos de Europa fue una de las pocas que permanecieron al margen de la nueva cultura y allí proliferaron las agrupaciones cristianas. A mediados del siglo VIII, reinado de Alfonso I (739-757), estos parajes entraron de lleno en la órbita de la naciente monarquía asturiana. De aquella época han sobrevivido las ruinas de la fortaleza de Bolera de los Moros.

En los siglos posteriores, y a medida que los reinos cristianos se expandían hacia el sur, Peñarrubia quedó al margen de los juegos de estrategia, incluida dentro de la pujante Corona de Castilla-León. Ya en la baja Edad Media este valle, lugar de paso entre el Nansa y el Deva, se articulaba en torno a dos concejos: Linares y Piñeres, y formaba parte de la Merindad de las Asturias de Santillana, llegando a constituir, con los vecinos valles de Herrerías y Lamasón, la Federación de los Cinco Valles de Peñamellera. Hasta el final de la Edad Media los dos concejos lograron mantenerse dentro de la jurisdicción de realengo a pesar de la fuerza de los señores de Linares (propietarios de la torre de Pontón), señores de Peñarrubia y La Hermida.

En 1822, en pleno Trienio Liberal, se constituyó el municipio de Peñarrubia. En un primer momento quedó integrado dentro del partido judicial de Puentenansa y en 1835 pasó al de San Vicente de la Barquera.

En el mismo siglo XIX se acometió una obra de gran trascendencia: la carretera del desfiladero de La Hermida. Comenzó a principios de siglo y fue concluida en el último tercio sobre un proyecto de carretera del ingeniero toledano Francisco Sánchez y Sánchez. La terminación del tramo entre Panes (Asturias) y Potes hizo que se abandonaran las, hasta entonces, rutas más concurridas a través del collado de Hoz. Así, el peso económico y demográfico del municipio se desplazó hacia la localidad de La Hermida.




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Naturaleza,Fauna y Flora


NATURALEZA
Este municipio está marcado por el espectacular desfiladero de La Hermida, que, después de atravesar Cillorigo de Liébana, asciende en dirección noroeste por Peñarrubia y se transforma en frontera natural con Asturias. Atraviesa esta garganta el río Deva, declarado Lugar de Interés Comunitario (LIC). Componen este desfiladero calizas del Carbonífero capaces de formar unos muros pétreos que se elevan por encima de los mil metros. Estas rocas contactan aquí con areniscas rojas del periodo Triásico cuya coloración da nombre al macizo (Peñarrubia). El corredor cuenta con

tramos en los que la separación entre muros no supera los 100 m y conoce en La Hermida una zona de apertura que permite el asentamiento de la población. Se considera que se formó durante la elevación alpina del Terciario. Al tiempo que ascendía el macizo calcáreo, el río se iba encajando y sus aguas ricas en silicio horadaban el lecho. En la parte que le corresponde a Peñarrubia desaguan los cauces de varios arroyos y ríos, como la riega de Cordanca.

El resto del municipio no es menos accidentado. Al norte de la garganta se encuentra la sierra de Peñarrubia, macizo calcáreo, continuación de los Picos de Europa, que corre en dirección oeste-este hasta alcanzar la collada de Hoz y coronan las cumbres de Virdio de Treslajorá (1.125 m) y Gamonal (1.225 m). Ambas cimas se localizan en el collado de Llaves, límite natural con el valle de Peñamellera. El extremo sur está marcado por la sierra de los Cuerres, que lo separa de Cillorigo y se eleva hasta el cueto Busnedo, de 1.561 m de altura.

FAUNA Y FLORA

El desfiladero de La Hermida está catalogado Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA), pues es uno de los parajes más significativos de Cantabria para aquellas especies que viven y crían en las rocas. Entre ellas se cuentan rapaces como el buitre leonado (que compone una de las comunidades más numerosas), el alimoche, el águila real y el halcón peregrino. Otras aves que también se dan son la chova piquigualda y piquirroja, el avión roquero y el treparriscos. El mismo río Deva es un espacio atractivo y en él abunda el salmón atlántico, la trucha común y arco iris, la platija, la carpa y la lamprea marina, además de otras especies como el desmán, la nutria, la lavandera cascadeña y el mirlo acuático. En Peñarrubia hay cinco cotos de salmón: Arenal, Infierno, La Vide, Lágrimas y Matadero.

En el resto del municipio abundan los corzos y los jabalíes, además del lobo. El estrecho de La Hermida reparte Peñarrubia entre dos comarcas cinegéticas: al norte, la Costa Occidental, y al sur, la Reserva Nacional de Caza del Saja, la más extensa de España, con 180.186 ha que se extienden entre los Picos de Europa y la cuenca del río Besaya. A Peñarrubia le corresponde el lote de Poda Cordancas.

En cuanto a la flora, en la parte norte y occidental del municipio, sobre las calizas carboníferas, se asientan encinares como Argüezo, monte Agero y Agerino, pudiéndose localizar especies típicamente mediterráneas como el jazmín silvestre, la cornicabra y el cerezo de Santa Lucía. Por encima de los 600 metros se encuentran hayedos. En el sur, la composición de los suelos posibilita el crecimiento de bosques más variados en los que las hayas aparecen mezcladas con robles, rebollos y castañares, es decir, cuatro bosques diferentes. Ejemplo de éstos es el monte de Santa Catalina. En otros sectores resalta la transformación de las masas de arbolado en pastizal (invernales de Obán, Juntalón, Cordanca y Prado Acelón en la parte meridional).

CUEVAS

En el municipio de Peñarrubia se localizan una serie de grandes cuevas y simas. Se trata del Pozo del Infierno, en collada de Candúa, con un desarrollo de 2.157 m; Torca de Cordancas, en Sierra de las Cuerres, con un desnivel de -176 m; la Torca de la Lanchera, en Cicera, con un desnivel de -171 m; la Torca de Tresvarillas, en Hoyo de Tresvarillas, con un desnivel de -171; la Torca de Tresagüelas, en Cicera, con un desnivel de -158; y la Torca de la Grañaja, en Carrizoso, con un desnivel de -127 m.


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Personajes

Marcelo Arroita - Jáuregui Alonso.
Crítico, actor de cine y escritor. (La Hermida, 1922–Santander, 1992). Estudió Derecho y desde muy joven empezó a publicar críticas cinematográficas en publicaciones como Alerta, Alcalá, Ateneo, La Hora, Correo Literario, Objetivo y Film Ideal. Fue uno de los fundadores del grupo Proel, surgido en torno a una revista. Estuvo presente en las ‘Conversaciones de Cine’ de Salamanca, de 1959, donde tuvo

una destacada actividad. Fue ayudante de dirección de Juan Antonio Bardem en Calle Mayor, en la que participó como actor. También intervino en Trampa para Catalina (1961), de Pedro Lazaga; El secreto del doctor Orloff (1964), de Jesús Franco; El rostro del asesino (1964), de Pedro Lazaga; Miss muerte (1965); La visita que no llamó al timbre (1956), de Mario Camus; Posición avanzada (1965), de Pedro Lazaga; Golden Hort (1966); Las viudas (1966), de Julio Coll; Codo con codo (1967), de Víctor Aúz; El caso de las dos bellezas (1968); Cartas boca arriba (1966), de Jesús Franco; ¿Qué hay en el desván? (1967); Volver a vivir (1967), de Mario Camus; Lucky, el intrépido (1967), de Jesús Franco; No somos de piedra (1968), de Manuel Summers; Fu-Manchú y el beso de la muerte (1970), de Jesús Franco; Un día es un día (1968), de Francisco Prosper; El otro árbol de Guernica (1969), de Pedro Lazaga; Culpable para un delito (1970), de José Antonio Duce; Crimen imperfecto (1970), de Fernando Fernán Gómez; La duda (1972), de Rafael Gil; Las estrellas están verdes (1973), de Pedro Lazaga; ¿... y el prójimo? (1974), de Ángel del Pozo; y La mujer de las botas rojas (1974), de Juan Luis Buñuel.
Dio a conocer su obra poética en las principales revistas españolas de los años cuarenta y las recopiló en los libros: El hombre es triste (Proel, 1951) y Tratado de la pena (Cantalapiedra, 1958). También publicó el libro Rouben Mamouliam (Festival Internacional de Cine, San Sebastián, 1973). Perteneció a la Junta de Apreciación y Censura de películas. Durante años ejerció la crítica cinematográfica en el diario El Alcázar, de Madrid y reunió una colección de artículos en Epístolas Mortales (1986). El Ateneo de Santander le concedió el título de ‘Montañés del Año 1979’. (Fuente: Gran Enciclopedia de Cantabria).



Ciríaco Pérez Bustamante. Escritor e historiador. (La Hermida, 1896–Benalmádena, 1975).
Estudió el Bachiller en Santoña y cursó Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Ingresó como catedrático de Historia General de España en 1922 y ocupó sucesivamente las cátedras de las Universidades de

La Laguna, Santiago, Sevilla, Valladolid y Madrid. En 1918 escribió su primer estudio sobre Claudio Coello y, diez años después, en 1928, publicó su obra Los orígenes del gobierno virreinal en las Indias españolas. Don Antonio de Mendoza I virrey de Nueva España, declarada de mérito por la Real Academia de la Historia. Con el tiempo llegó a dirigir el Instituto Fernández de Oviedo, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, desde 1950, y desplegar una importante labor en la Revista de Indias y en los países de América de habla hispana. Un importante grupo de sus obras lo forman las publicaciones sobre la época de los llamados Austrias menores o sobre la decadencia de los Austrias: El duque de Osuna (1940), El dominio del Adriático (1943), Los cardenalatos del duque de Lerma y del infante don Fernando (1934), El conde de Gondomar (1928) y El reinado de Felipe III, publicada en la Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal. El 27 de diciembre de 1960 leyó su discurso de recepción pública como académico numerario de la Real de Historia, ocupándose de la figura de Felipe III.
Fue el promotor en una segunda época de la Biblioteca de Autores Españoles. En 1946 inició en el Seminario de Monte Corbán, las actividades de la refundada Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander con el cargo de rector magnífico. Falleció en Benalmádena, en 1975, mientras participaba en una reunión organizada bajo su presidencia, para preparar la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento de América. (Fuente: Gran Enciclopedia de Cantabria).


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Población

Observando la tabla de población del siglo XX en Peñarrubia, se comprueba cómo mientras en la primera década de la centuria el municipio experimentó un crecimiento del 17%, el resto del siglo la tónica fue bien contraria, con una ininterrumpida pérdida en el número de vecinos, sólo frenada brevemente en los años treinta. La

regresión se acentuó en la postguerra, con un ritmo de pérdida superior a las 100 personas por década. Así, en el año 2000 la población de Peñarrubia había retrocedido hasta los 284 vecinos (una pérdida de casi un 72% de la población entre 1910 y 2000). En los primeros años del siglo XXI, la tendencia regresiva se ha detenido y en la actualidad la población ha aumentado hasta llegar a los 356 habitantes. En cuanto al perfil de la población, la edad media es de 53 años y la tasa de dependencia general es del 67,7%.

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